miércoles, 7 de marzo de 2012

Yo sólo quería ser rubia...

     Ya lo dice el dicho; y es que, la suerte de la fea la guapa la desea.
   
    Y poniéndonos en esas, la belleza de la guapa, la fea la desea... la belleza, el cuerpazo y ya el colmo, que también sea una tía maja y lista, pues para que queremos más...

   Y es que si una mujer se pone muy cabezona, deseará hasta el maldito grano que la guapa tiene en la punta de la nariz.

    Porque, en honor a la verdad, debemos reconocer que nadie, o casi nadie, está conforme con el físico que, Dios, para los más fervorosos creyentes, o nuestros padres, para aquellos que sean más de ciencias y crean en la genética, nos han dado.

   Y analizando esto, me pregunto a cúal de los dos bandos debo yo extender mi hoja de reclamaciones:
  ya que si Dios nos hizo a su imagen y semejanza, a todos por igual, que me devuelvan el dinero por favor, a mí no me han dado los centímetros que me correspondían.  Por más que me miro al espejo, sigo sin encontrar esos 15 o 20 centímetros que me hacen igual en altura a una supermodelo.

    Por lo que, cansada de mirarme al espejo, finalmente, doy por hecho, que debo darle las gracias de mi altura a la herencia genética que mis progenitores me concedieron, ya que mi madre no levantaba dos palmos del suelo.

    Y sin embargo, sigo, sin quedarme muy conforme y es que al final, voy a acabar pensando que a mí me encontraron en el portal de la casa, ya que en lugar de los ojos azul gris como tenía mi madre, o grises como son los de mi padre o los de mi hermana a mí me tocaron... ¿¿¿marrones??? ¿¿Verdes?? ¿¿Color miel...??  ¿¿Miel de la Alcarria??
      Pero Señor!!! ¿Qué te he hecho yo para que me dejes con quince centímetros de menos y sin los ojos azules?

   Definitivamente, empiezo a pensar que soy la hija del vecino, viendo que mis tres familiares directos tenían un pelo liso y bonito...  mi padre, a sus 50 años, obviamente, ya no lo tiene, consecuencias de ser rubio, o al menos castaño claro, tan claro como el pelo rubio de mi hermana... Y es que por más vueltas que le doy, de verdad que no lo logro entender...
 
    Así que, sea como sea, que funciona esto, sea genético o divino, aquí me planto hoy:  a exigir mi pelo liso y largo, tan bonito como el que tenía mi madre, en lugar de esta pelambrera rizada, quiero mis ojos grises como los de mi padre y el pelo rubio como mi hermana.

    Y puestos a pedir, quiero los veinte centímetros de altura que alguien me robo por el camino y que, ¡¡OYE!!  por muy atea que yo sea,  me correspondían por imposición divina..

1 comentario:

  1. Pues conmigo tb se han equivocado en algo... Me deben tb unos cuantos centímetros de altura... Mi padre es alto, y mi hermano tb (mi madre no tanto), pero si yo me parezco tantísimo a mi padre, pq no me han dado tb los centímetros de más¿?¿? jeje.

    Un beso!!!

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