martes, 29 de mayo de 2012

El día que mi pelo no se rizaba o ¡¡ Dios mio!! ¿¿Qué hago ahora??


     Suelo tener la enorme capacidad de ser un tanto desastrosa.

    Capacidad, sí, porque ¿cómo llamar si no a la continua habilidad de hacer que casi todo salga siempre mal o medianamente mal o dejarlo inacabado?

    Último día, para entregar un trabajo en la facultad y como por arte de magia, a ese trabajo le faltan páginas. Suerte que la profesora, era más de contenidos que de estructura y no tuvo muy en cuenta el arreglo chapucero que hubo que hacer en cero coma.

   Cena de cumpleaños con los amigos: dejar lo de la tarta para el último momento y cuando sales de trabajar ya no encuentras ni una triste pastelería abierta, por lo cual no queda más remedio que conformarte con la típica tarta al whisky comprada en el chino de la esquina de casa. (Pero se que en el fondo algo me quieren y no pusieron muchas pegas, o ninguna, vale!!!!)

   Que estás ahí, a la una de la mañana, en actitud cariñosa con el amigo y no hay lo que tiene que haber, (aquí la culpabilidad del desastre, se comparte) pues nada, se mueve, se levanta y cuando vuelva con lo que tiene que volver, una ya estará en el quinto sueño y otra vez las cosas, mal acabadas.

   Pues bien, como escribí en el post anterior, mi superamiga de la infancia, "LaMariCarmen" se casó este fin de semana...

     Tranquilos, la boda terminó bien, aunque he de decir, que yo pedí dos taxis para volver a casa y los novios me robaron uno.

     Bueno, pues lo dicho, era el día de la boda, y yo ya tenía pensado que peinado hacerme. A mí la peluquería me sale barata, que la tengo en casa.
    He ahí mi hermana, Judith, que se llama, peina, tiñe, corta y lava (Si quieren más referencias contacten conmigo vía blogger, Graciaaas).

    En fín, que me lio. Me ducho, me lavo mi pelito y me hecho este megunje, tan de moda actualmente, QUERATINA, con Q o con K, como ustedes lo quieran llamar, pero milagroso a fin de cuentas.

   Deje actuar durante cinco minutos, que ponía en el envase. Así que dejo actuar durante cinco minutos, igual más, porque yo me meto en la ducha y me olvido que existe el mundo.
   Salgo, me seco el pelo y mi hermana (no duden en ponerse en contacto conmigo vía blogger, pues ya les he dicho, que peina, tiñe, corta y lava) comienza a alisarme el pelo.
    Si esto, lo está leyendo alguna de mis amigas, pueden dar fe, que tengo el pelo muy muy rizado.
     
    Sin embargo ese día mi hermana, la que peina, tiñe, corta y lava, tarda casi nada en conseguir domar la pelambrera que Dios, o mis padres (¡¡¡mentira!!!! que los dos tenían el pelo liso) me ha dado.
   Y ahí llega el momento, cuando yo sentada en mi silla, ya me imagino con mi vestido largo, que aunque pareciera estar embarazada, me quedaba tan mono, y yo me imaginaba, con mi peinado estilo griega, mis ondas, al viento, mi trenza y la trenza postiza, coronando mi cabeza; y sin embargo por más que miraba al espejo, lo único que podía ver era a mi hermana una y otra vez intentando hacerme las ondas pero el pelo, nada, ahí, liso, como lamío por una vaca.

    La miro, porque si yo soy un desastre, ella también tiene lo suyo y la pregunto (Suelo ser muy redicha así que imaginad el tono):
    - Judith, Cariño, has encendido las planchas?????- A lo que la pobre, que tiene más paciencia que un santo me mira incrédula y me dice que sí.
    Y yo, que soy cabezona como nadie, y sigo sin creerlo, agarro las planchas y... Hostias, pues sí, si las había encendido.
  Pero, no daba crédito, que mi pelo no se alisase, era muy normal, pero que no se rizara, era muyyy extraño.

Agacho la cabeza, me trago el orgullo cuando recuerdo mis palabras de niña redicha y repelente al preguntar si el aparato estaba enchufado y digo muy bajito:

   - Mmmm, ¿Esto no será porque me he echado queratina, (con Q o con K, como ustedes quieran)?

A lo que la Santa de mi hermana, que jamás suelta la pobre un: Lo ves??? o un Te lo dije!!!, me dice, pues probablemente Tere, probablemente.

    Así que con mi capacidad de ser un desastre en los momentos importantes y mi incapacidad de ondularme el pelo el día de la boda de "LaMariCarmen", en esas me vi; y me tuve que ir  a la boda, con dos trencitas cual corona y un pelo tan liso que bien parecía haber recibido el lengüetazo de una vaca.

    Y es que señores y señoras, esa es mi gran virtud y capacidad, la de liarla parda.

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