jueves, 14 de junio de 2012

De matón a tonto del pueblo



    Matones, los ha habido siempre, chulos de barrio también y tontos muy tontos disfrazados de matones, también...
    Ahora, lo que nunca había habido y no querían mis oídos haber oído, es que seres de tal calaña exigieran a mi sobrina el pago de un dinero. (Lo típico que en las series americanas viene a ser el dinero de la comida).
    Pero esta historia se enmarca en pueblo castellano, manchego para ser más concretos, en una tarde de calor, nada que ver, con el pueblo castellano leonés, ni con instituto americano.

    Como iba diciendo, en una calurosa tarde de junio, dos chicos, mayores que mi sobrina, se acercan a ella, a una amiguita y a otro niño que estaba con ellas.

    Les dicen, si quieren ver a un hombre ¡¡¡bendita inocencia!!!
    El hombre no era más que un hombre durmiendo en el sofá de su casa y se había dejado la persiana alzada.
    Les dicen, que si quieren verlo, les tienen que pagar entre 2 y 5 euros cada uno.
    Evidentemente, mi sobrina con siete años que tiene, para bajar a jugar a la plaza no va a llevar encima cinco euros...
    Desconozco, si finalmente los cinco se encaminaron a ver lo que era la gran maravilla del hombre dormido (Por si os interesa, próximo estreno en su cine más cercano).

    La cuestión es, que al día siguiente, en el recreo le pidieron el dinero, y repito, mi sobrina, lo más que lleva en el monedero, son los cromos de la patito y las divinas...

    Al salir del colegio, los aprendices de matones, van tras ella y la increpan que al menos un euro les tiene que dar; y supongo que mi sobrina, ya desesperada, porque ahora, por motivos personales, no dispone de efectivo:
     La pobre se ha olvidado la hucha en su casa, y como mi hermana está convaleciente tras una operación, se encuentran viviendo ahora mismo, en casa de mi abuela.

    Vamos, que en su máxima desesperación, por no poder romper el cerdito y pagar el eurito exigido, finalmente se confiesa a su madre.

    Mi hermana, con su rabia contenida, le indica a mi sobrina que si le vuelven a pedir el dinero, les diga que han de subir a su casa a por ello.

    Y como ya dije al principio que en todos los sitios hay matones y tonto del pueblo también, quiso la casualidad que mi hermana se encontrara sacando algo del coche cuando ve subir a mi sobrina acompañada del pequeño matón.

  Le pregunta al chavalín, que, que está buscando allí; y como el niño no contesta,  mi sobrina abre la boca por él y le cuenta a su madre que el chaval ha venido a por el dinero...

La cara de mi hermana, pasa de color carne a blanco, de blanco a morado y de morado a rojo de rabia, le dice al chaval, que en vez de un euro lo que le va a soltar es un pesquezón y que haga el favor de irse a su casa, si lo que no quiere recibir son dos.

Y ahí, bajando la cuesta...  cabizbajo y sin un solo céntimo en el bolsillo, así es como el matón y chulito del barrio pasa a ser el tonto del año.



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