lunes, 9 de julio de 2012

Porque soy de pueblo, hortelana y limonera...

     Hace años, cuando vine a vivir a Madrid, cada vez que se hacía de noche, me daba miedo salir a la calle, o estar en ella si era el caso.

     Cada domingo, que venía de regreso de ver a mi familia, miraba constantemente hacía atrás como si alguien fuera a agarrar mi mochila y al tirar de ella, también tirase de mí y me llevase por delante.
 
     Si alumbraban las farolas, apretaba el paso y preparaba las llaves dispuesta a atacar con ellas a todo el que se interpusiera entre la puerta de mi portal y mi mano preparada para abrirla.

     Ese estúpido miedo, poco a poco fue desapareciendo, quizá porque me dí cuenta que vivía en pleno centro de Madrid, en un "barrio bien" y la hilera de restaurantes que adornaban la acera iban a desembocar en mi portal, como si los clientes y camareros hicieran pasillo protegiéndome hasta llegar a mi lugar.

     Una vez superado el miedo a andar a las diez de la noche por la calle, apareció el miedo a volver sola a casa si se salía de fiesta: Siempre por Huertas (años después apareció Miguel y nos llevó a esos sitios pijos, que tanto le gustan a él... Y lo siento Miguel, pero si lo estás leyendo, que no creo, a mí nunca me acabaron de gustar.)

     Olvidando también ese miedo, exagerado, cuando vives en el barrio que yo vivía, me mudé y sí, ya no era un "barrio bien" pero casi siempre salía acompañada porque los botellones previos a Huertas, se hacían en mi casa.
     Y casi nunca volvía sola, porque los desayunos posteriores a Huertas siempre se tomaban en el lugar en el que yo vivía.

     Y es posible, que a lo mejor, aún diez años después de llegar a esta ciudad, mire un poquito para atrás, si es de madrugada y vuelvo sola a casa... Pero es lógico tener miedo en según que situaciones y supongo que no tenerlo, tampoco sería bueno del todo

    . Pero el miedo que jamás había tenido viviendo en Madrid, era el de encontrarme con personas concretas al caminar por la calle. Y es que esto es muy grande, y hay que tener mala suerte...

     Pero ni tu mala cara, (que si te fijaste la mía tampoco era de alegría) ni ese tonillo de: es que yo vivo aquí (porque si tu vives, yo trabajo y me he pasado los diez años que llevo en Madrid, rondando por esos sitios )  van a hacer que no vuelva a ir por ahí.

     Si tengo ganas de cenar, cenaré donde me plazca y si tengo ganas de bailar, bailaré donde yo quiera, y si me cruzo contigo, por favor guárdate la cara de limón, porque lo que viene siendo yo... Tengo una caja entera.

4 comentarios:

  1. Pero que invento es este???yo m espera una entrada muy diferente a esta, que es eso de "amiga llevame a benidorm"...la toy esperando jejejejej

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  2. Hoy que tenía el día sensible, la de amiga llévame a Benidorm te la escribo mañana si quieres... o pasando jajaj

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  3. Recuerdo este encuentro hortelano con cariño...una cara de Limón que se enfrentaba a otra de Tomate, entre Lechugas (por aquello de estar "verdes") foráneas y nuevas... quizá un pensamiento erróneo dentro de lo agridulce del encuentro...quizá una lección...como aquel proverbio chino "mala suerte, buena suerte, quien sabe".

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  4. Quien era el tomate. Yo no verdad??? si no me dio tiempo ni reaccionar... De todo se aprende, la segunda vez choca menos y hasta aprendes a guardar la compostura... mala suerte cruzarte con gente que no te apetece ver, buena suerte que en las dos ocasiones vinieras conmigo. ;)

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