domingo, 14 de octubre de 2012

Como suspender el práctico de conducir, cuando el examinador esté empeñado en aprobarte.



     A veces me pregunto si esto de escribir me beneficia de algún modo; y es que creo que cada vez que lo hago, casi siempre es para exponer mis penas, mis andanzas de freaky, que ni siquiera encajan en un estereotipo de rarita predeterminado (Vamos, que ni entre los raros encuentro mi sitio) o para contar lo poco habilidosa que soy para miles y miles de cosas.

    En conclusión, mala propaganda hago de mi persona en el artilugio este.

    Por otro lado, cuando la gente me mira raro y me crítica porque he puesto tal estado en Facebook, porque he contado por aquí que se me ha roto una uña, sino ha sido esa vez el corazón, o porque mando mensajes subliminales vía estados facebookarios, he de admitir, que me siento mal, pienso que tienen razón e igual es cierto que hablo demasiado de mi vida en espacios que comparto con personas que ni quieren ni deben saber tanto de ella; sin embargo, luego lo pienso y es que en realidad me da igual, que sí!!, que lo sufro en el momento en que me lo reprochan; pero que esa gente no entiende el nivel que en mi vida alcanza escribir como me siento.

    Para mí, escribir es catártico (y quien no sepa lo que significa eso, que lo busque, porque es el resumen y la esencia de toda la parrafada anterior). Así que aquel que lo entienda genial y al que le moleste, con no leerlo le basta, que se llama libertad de expresión... Pero es que al español le encanta criticar (yo me incluyo, por supuesto.)

   Así que nuevamente haciendo mella en mi imagen, expondré lo poco habilidosa que fui examinándome del carnet de conducir:

    El día anterior al examen, me dice mi profesor, que voy yo sola, en el último turno y que el examen va a ser coser y cantar porque va a durar diez minutos, que con hacer un examen medio regular iba a estar aprobada.

    Llega el día siguiente, el último turno, yo sola, comenzamos el examen:

         -Señorita, gire usted a la izquierda- La señorita, que soy yo, gira a la izquierda.
         - Señorita, cuando vea un sitio, estacione- Dos minutos de examen y ya me piden que estacione, me paro, ¡¡¡Madre mía donde me paro!!! Me mira el señor y me dice:

          - Déjelo, déjelo, que este sitio es muy pequeño y ya no hay más huecos para aparcar, olvídese de estacionar, siga adelante- y viendo mi evidente estado de nervios puntualiza- No vaya usted a aparcar ahí, que eso es una entrada y salida de camiones.- Madre mía!!! Definitivamente o debía ver que estaba tensa a más no poder o debió pensar que era idiota perdida.

    Así que continuamos, giro a la derecha, giro a la izquierda, un stop, doble detención innecesaria, otro stop, obviar la doble detención, esta vez necesaria... Y he aquí la frase que sentenció mi muerte en el ámbito de la circulación:

          -Señorita, haga usted un cambio de sentido a la izquierda.

¡¡¡Ay Dios mio!!! (Que ya me vale, teniendo en cuenta que aún no tengo muy claro si soy atea o no, vaya de quien me fui a acordar en ese momento.)
 
    Yo miraba a un lado y a otro y me preguntaba a mí misma, donde quería el buen señor que hiciera un cambio de sentido, si no había glorietas, ni raquetas, ni nada similar para hacerlo.

    Le eché valor al asunto, giré a la izquierda, mientras seguía pensando donde hacer el bendito cambio, porque yo seguía sin ver nada.

    Y ahí estaba mi salvación, lo vi y pensé, esta es la tuya Teresa, aquí, aquí es donde tienes que hacer el cambio de sentido...

    Miro, miro, aviso con el intermitente izquierdo, gira rassss y en esas en las que me hallo girando oigo:

          -Señorita ¿Qué hace usted?- Y en ese momento, yo que siempre he sido de la teoría de que en cuestión de sentimientos, lo mejor en esta vida es ser sincera; me paro... suspiro... y finalmente le digo:

           - La verdad que no lo se...- Y es que  además de poco habilidosa, nerviosa y sincera, también estoy sorda como una tapia y donde el señor me digo un cambie de dirección a la izquierda, yo entendí un cambie de sentido a la izquierda, sentenciando de este modo a mi L a una muerte súbita sin posibilidad de reanimación cardíaca.

    A pesar de todo, he de confesar que estoy contenta, y es que mi profesor me ha dicho, que seré nerviosa y bien es cierto que me lo tengo que controlar; pero que soy la que mejor arranca de la autoescuela...

     ¡¡¡Ahí es na!!!!