miércoles, 7 de noviembre de 2012

A mi me da, que me estoy quedando calva!!!!!!!!!!!



    Ahora que me he cortado el pelo (demasiado) y obviamente ya he dado parte de ello en mi red social favorita, he recordado algunas  de mis tantas historias de venturas y desventuras en esta relación de amor-odio que he mantenido de forma perpetua con mi cabellera.

    No recuerdo exactamente el momento en que empecé a odiar el pelaje que cubre mi cabeza, puede ser por aquellas tantas veces que me vi asedidada por mis compañeros del colegio, a los que mi pelo debía causarles gran sensación, pues constantemente hablaban de mi pelo de estropajo...
 
    Puede ser que empezase a odiarlo cada mañana, mientras mi abuela me peinaba y me enseñaba las oraciones cristianas, que aún hoy, y no será por la práctica, tengo grabadas a fuego en la memoria, junto a los tirones de pelo para desenredarlo y su frase machacona que decía:

    -  MÁS SUFRIÓ CRISTO EN LA CRUZ...

    Tampoco recuerdo cuando empecé a quererlo, probablemente fuera el día que jugando en el parque Lourdes (leedlo Lurdes, por favor, no soporta que pronuncien la "O") tiró un pedazo de piedra desde la paloma, que fue a dar en mi cabeza... Don Javier, me cogió mientras yo lloraba y soltó la expresión de "Te has salvado por los pelos" y yo con la inocencia de los seis años, me creí que eso no era una expresión y que tanto pelo en la cabeza por fin habían servido para algo.

    Más tarde llegué al instituto, donde mi pelo tampoco era muy apreciado y me empeñaba en embadurnarlo de gomina y espuma; de espuma y gomina y así insistentemente para que la pelambrera no abultase más de lo deseado...

     Y sin embargo yo lo quería, fuera porque me salvó de morir descalabrada con seis años o porque era mío...  pero yo lo quería, lo mimaba, intentaba que pareciese un pelo normal, igual al del resto de las chicas de mi clase... Yo sólo quería tener flequillo como ellas, y como eso era lo que quería, eso fue lo que intenté consiguiendo simplemente un lío de púas de peine y pelos enredados, al cual finalmente sólo se pudo liberar con la ayuda de mi vecina y unos alicates.
    Lo se, al leer esto seguro estáis pensando que me lo estoy inventando, pero así como suena fue, mi abuela tuvo que llamar a la vecina y tuvieron que romper el peine con unos alicates, porque sino me iba a mi curso de teatro con el peine colgando en la frente.

    Con el tiempo, llegué a la conclusión que la mejor opción para mi cabello, era una cola de caballo, y así lucía la mayor parte de las veces, hasta que un día, y de verdad que no se como, aunque tengo una ligera idea de cómo pudieron darse los hechos, me levanté con dos rastas en la zona capilar, perteneciente a mi nuca...

   Como pensé que mi tía me mataría cuando viera la que había montado en mi cabeza, estuve callada durante casi un año, sufriendo en silencio mis rastas y pasé el tiempo transcurrido de los 14 a los 15 años con un moño de vieja constante.

   Finalmente un  día saqué valor y me las corté, primero una, un tiempo después otra...
    Conseguí que la coquetería pudiera más que la vergüenza y le expliqué a la señorita peluquera lo que había hecho con mi cabeza, dando solución al problema que me había tenido en vilo durante algo así como un año.

    A pesar de todo esto, me reafirmo, de verdad que yo quiero a mi pelo, llegué a acostumbrarme a tener el pelo que tenía, me miraba en el espejo y acepté que ese pelo sería mi seña de identidad y empecé a quererlo con locura, porque me gustaba como se quedaba esa melena de león...

    Pero como ya dije al principio, esto ha sido una relación de amor-odio y al final estas relaciones o se mueren o te acaban matando; y yo tengo la sospecha, que mi pelo se ha cansado de tanto maltrato y desplantes por mi parte y es que así, como estas cosas suelen ser, se está marchando poco a poco, se está yendo, seguramente cansado de está situación en la que no se siente valorado, se marcha a través de la funda de mi almohada, a través del desagüe de la bañera, a través del cepillo con el que me peino cada día.

    Lo veo agonizando en el suelo del cuarto de baño, en mis sofás blancos impolutos (Salvo por las manchas de rotulador que hizo mi sobrina y las que yo misma hice al intentar limpiarlos) Ya no se preocupa de lucir como antes, está soso, sin vida, quizá este maltrato mío, le ha llevado a una depresión y finalmente ha dicho

           "BASTA, HASTA AQUÍ LLEGA NUESTRA RELACIÓN..."

     ¿Y cómo decirlo...?  pero ay Dios!!! si me quedo calva, como te voy a echar de menos...



4 comentarios:

  1. Ay teresa...!!quien hubiera dicho q te ibas a quedar con poquito pelo.pero ánimo!prueba con vitaminas,o mejor con tilas xq seguro q es por los nervios.o puedes venir a hacer terapia a Móstoles para relajarte ;)te esperamos! Son.

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  2. Y yo que te recuerdo "pispireta" con tus rizos bailando de lado a lado (y tus inseparables cascos)...a mi que me encantaba y tu quejándote tanto!! pero no te me agobies...calva no estas, y el corte te sienta bien, hay que renovarse de vez en cuando. Yo también creo que: Adios nervios, Hola pelo nuevo.

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  3. Ay chiquetas o me lo tomo con humor o yo que se... Mamen, mis cascos siempre, hasta que finalmente me quede también sorda y otra cosa identificativa fuera. JEJE.

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  4. Es cierto que a veces mantenemos una relación de amor odio con algunas partes de nuestro cuerpo pero siempre debe triunfar el amor así que cuídate, bsitos de La dulce Ali

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