sábado, 15 de diciembre de 2012

Cabezonería constante






    Nací cabezona... cabezona de ideas fijas, no de esas de cabeza desmesurada.

    Nací de este tipo de cabezonas con ideas, teorías y sentimientos marcados siempre por las mismas constantes, cabezona en la salud y en la enfermedad, cabezona en la riqueza y en la pobreza y creo también, que cabezona hasta que la muerte nos separe.

    Y me paro a pensarlo y lo cierto es que no lo entiendo; pues además de cabezona, nací volátil e indecisa, veleta, ahora hago esto y ahora no lo hago, preferiría hacerlo el martes; o no, quizás sea mucho mejor hacerlo el viernes.

    Y así, aunando estos dos conceptos tan antónimos entre ellos, tan distintos en su forma de ser, tan constante uno, como inconstante el otro, así, así nací yo también.

   Quizá por eso no te quisiera el martes y sin embargo darme cuenta de cuanto te echaba de menos el viernes y descubrirme ante mi misma sabiendo que todo este circo de ahora sí y ahora no ha sido continuo con el tiempo.

    Volver a ponerme roja, cada vez que me pronunciaban tu nombre, y dejar al descubierto lo que yo pensaba escondido.

   Nací cabezona pero indecisa  rencorosa pero olvidadiza.
   Viví odiando tu segunda parte, porque quería ser dueña de la primera, quería nombrarte continuamente para después arrepentirme al instante.

   Y recordarte, recordarte continuamente en el momento que recuerdo que me había olvidado de tí. Porque soy cabezona, esto es así.

   Existen cosas alrededor de las personas, que no nos permiten olvidar, canciones, olores, sabores, esas cosas que nos obligan a afianzarnos más en nuestra propia cabezonería...
 
 De hecho, en un momento concreto de esta semana, en un lugar que soy incapaz de recordar, al igual que el día exacto en el que esto ocurrió, alguien pasó por mi lado y lo olí, y recordé algo y después caí, era el mismo olor que llevaba el chico que me besó por primera vez y según recordé, olvidé.

 Porque soy cabezona y no tenía ningún interés en que ese fuera un pensamiento de los de en la salud y en la enfermedad, porque era un pensamiento, que bien claro tenía que abandonaría a la primera de cambio, anteponiendo la riqueza a la pobreza, porque dudo firmemente, que ese pensamiento sea de esos hasta la muerte.

   Y me sorprendo, porque soy cabezona, y ahí estás, a raíz de cuatro estúpidas palabras.
 Recordando, aunque esta forma de recordar sea enfermiza.
 Presente, aunque no exista futuro.
 Mencionando cada historia, cada palabra, cada chiste y cada broma, porque soy así, cabezona y es el mejor modo tras estos años, de conseguir que ya si eso, sea la muerte la que nos separe.

 

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