jueves, 7 de marzo de 2013

Estúpidas circunstancias




     "Somos esclavos de nuestras circunstancias" lo leo y lo releo otra vez; y ahora me pregunto como pude ser tan estúpida y creer tremenda idiotez.

      "Somos esclavos de nuestras circunstancias" ahí está, otra vez, resonando una y más veces en mi cabeza...
    "Somos esclavos de nuestras circunstancias..."

     ¡¡¡Mentira!!! No somos esclavos de nada; más que de nosotros mismos.

     No eramos esclavos de nuestros padres cuando nos amenazaban que no hiciéramos algo y nosotros no lo hacíamos...
     No eramos esclavos de aquellos amigos, chulitos que teníamos y nos ofrecían un cigarro que no quedaba más remedio que fumar...
     No eramos esclavos de la pareja que se enfadaba cuando decidías pasar más tiempo con los amigos, en lugar de pasar todo el día con él.
     No somos esclavos de la sociedad que nos impone sus normas, no somos esclavos de esas normas que nos imponen su camino...
     No somos esclavos de nada; salvo de nosotros mismos y de nuestros miedos.

    Vuelvo a leer, voy más allá:

       "Me arriesgué, tal vez dije cosas que nunca debí haber dicho; pero somos esclavos de nuestras circunstancias"
     ¡¡¡Mentira!!! Otra vez, ¿Acaso decir lo que se siente es ser esclavo de tus sentimientos?

 Vuelvo a pensarlo de nuevo:

      "Somos esclavos de nuestras circunstancias" Curiosa excusa, para liberarse de otra circunstancia.

      ¿¿Estás leyendo esto?? Si es así, párate a pensar, que modo tan curioso de escapar de la circunstancia que en ese momento era yo.

      "Somos esclavos de nuestras circunstancias" (Como si quisieras decir, ya soy esclavo de una circunstancia, no lo puedo ser de dos) Y yo, esclava de mi circunstancial estupidez, lo creí...

      Créeme, no somos esclavos de nada; salvo de nosotros mismos...

      Esclavo de tu miedo por aquel entonces, esclava de mi rabia en ese momento, esclavo de tu indiferencia en el presente, esclava de esta capacidad innata de amontonar recuerdos para ir desgranandolos poco a poco.

      No me malinterpretes, no soy ya, esclava de tu recuerdo,es que al leerlo me sentí obligada a hacerlo, a decirtelo, a explicartelo, a contarte que no eras esclavo de tus circunstancias, eras sólo un niño estúpido, al que el juego se le fue de las manos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario